La persecución contra los espacios de encuentro de la diversidad suma un nuevo y oscuro capítulo. Esto ocurre tras conocerse la última redada local LGTBIQ en Venezuela. Una treintena de hombres fueron retenidos de forma arbitraria por la policía en un local de Valencia, en el estado Carabobo. El suceso desató una oleada inmediata de denuncias por parte de activistas y ONGs de derechos humanos. Este incidente vuelve a demostrar la realidad. Una redada local LGTBIQ en Venezuela se utiliza como herramienta de extorsión, hostigamiento moral e indefensión jurídica para todo el colectivo queer.
Patrones de homofobia de Estado en los espacios de ocio
Lo ocurrido en esta redada local LGTBIQ en Venezuela no es un hecho aislado. Al contrario, responde a un patrón sistemático de intimidación. Las organizaciones civiles denuncian que las fuerzas policiales usan las supuestas inspecciones de rutina como una fachada. Así ejecutan cada redada local LGTBIQ en Venezuela. De este modo, violan el derecho a la intimidad y hacen detenciones sin órdenes judiciales válidas. El país no tiene un marco legal que proteja la orientación sexual. Esto deja la puerta abierta a la total impunidad de los funcionarios.
Exigencia de justicia y fin de la criminalización
El escándalo provocado por esta redada local LGTBIQ en Venezuela ha tenido consecuencias. Las autoridades se han visto forzadas a iniciar una investigación penal sobre los policías involucrados. Sin embargo, el activismo local se muestra escéptico ante el resultado de esta redada local LGTBIQ en Venezuela. Advierten que las investigaciones internas pocas veces terminan en sanciones reales. Por eso, exigen reformas estructurales inmediatas y el fin de la criminalización. También piden una disculpa pública institucional que repare el daño y la exposición pública de las víctimas.
Crítica de Window-Queer: La policía caribeña huele a homofobia y extorsión
Desde Window-Queer lo decimos sin rodeos. La supuesta investigación a los policías que asaltaron el local no es más que un lavado de cara para calmar las aguas. No estamos ante un fallo de cuatro agentes descarriados. Estamos ante la tónica habitual de un sistema policial corrupto y homófobo. Estos agentes ven en nuestros espacios de encuentro un cajero automático perfecto. Lo usan para la extorsión bajo la amenaza del escarnio público.
Es vergonzoso que hoy en día juntarse a tomar una copa sea un motivo para que la policía irrumpa. Te encierran, te exponen en reseñas humillantes y te tratan como a un delincuente. Esto es un síntoma de la podredumbre moral de las instituciones venezolanas. El Estado venezolano es responsable por omisión. Al mantener al colectivo en el limbo legal y no aprobar leyes de igualdad, legitima a los policías. Cualquier uniformado puede jugar con las vidas de la comunidad queer. No queremos que investiguen a los policías. Queremos que dejen de cazarnos.
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