Window Queer es un periódico que visibiliza la realidad de las personas LTGBIQ+ a nivel global.

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Agustina Quaranta

El mito del «paraíso europeo»: La cruda realidad de las personas trans migrantes

Agustina Quaranta, fundadora de Urbana Trans

Un viaje por las barreras burocráticas, la exclusión y el impacto del discurso de odio en Europa a través de los ojos de la activista Agustina Quaranta.

La narrativa común suele pintar a Europa como el destino idílico para la comunidad LGTBIQ+, un refugio donde los derechos humanos y la tolerancia están completamente garantizados. Sin embargo, para quienes cruzan el Atlántico huyendo de la violencia, la realidad puede convertirse en un choque burocrático y social devastador. Para entender qué hay detrás de este espejismo, nos sentamos a conversar con Agustina Quaranta, una reconocida activista argentina, creadora del canal informativo Urbana Trans, quien reside en Alemania desde hace 17 años.

Con una mirada que combina la dureza de la experiencia y la calidez de quien lleva décadas en la trinchera social, Agustina comienza desmitificando el progreso europeo. Al indagar sobre sus orígenes, nos traslada de inmediato a la Argentina de finales de los noventa, un escenario hostil donde comenzó su transición.

El exilio de una realidad violenta

«En esa época, las personas trans éramos perseguidas activamente bajo un código de edictos contravencionales heredado de la dictadura militar», nos explica con seriedad. La policía las arrestaba, las golpeaba y las encerraba hasta por 31 días en la cárcel. Ante un panorama donde muchas de sus compañeras perdieron la vida en lo que ella define directamente como un exterminio, Agustina tuvo que tomar una decisión drástica: exiliarse en el año 2003 en busca de una mejor calidad de vida.

Su primer destino fue España y, más tarde, Alemania. Al preguntarle si al llegar al autodenominado «primer mundo» se cayó algún mito, Agustina no duda un segundo en su respuesta:

«Me decían que era un primer mundo para nosotras, pero la realidad institucional estaba muy lejos de serlo. El gran choque fue el sistema sanitario. Al acudir a los hospitales, me di cuenta de que el personal de salud no tenía ninguna capacitación para tratar a una persona trans; te seguían tratando y registrando como hombre.»

El laberinto burocrático: Europa frente a la vanguardia argentina

Resulta paradójico que Argentina sea hoy un referente global en materia de derechos de identidad, mientras que Europa arrastra un retraso considerable. Quisimos profundizar en esta comparación legal y le preguntamos cómo se vive el activismo actual en Alemania frente a los avances de su país natal.

Agustina destaca con orgullo que la ley argentina aprobada en 2012 es pionera porque permite un trámite directo, basado en la autodeterminación y sin patologización. En cambio, el Viejo Continente avanza a paso de tortuga. Nos recuerda que en Alemania la Ley de Autodeterminación entró en vigor recién en noviembre de 2024. Hasta entonces, el Estado obligaba a las personas trans a someterse al dictamen de un médico y un juez para que un tercero validara su identidad. «Es una locura que un país que realiza cirugías de reasignación desde 1950 haya tardado tanto en reconocer un derecho básico», reflexiona.

Esta falta de homologación internacional de derechos genera un limbo legal sumamente grave, y es aquí donde la conversación se torna más personal. Le pedimos a Agustina que nos explique cómo le afecta esta situación a ella en su día a día actual. Es entonces cuando nos expone la cruda realidad de ser una de las tantas personas trans migrantes atrapadas en la burocracia:El limbo legal de Agustina:

Situación en Alemania: Obligada a registrarse como hombre debido a las exigencias de Italia

Nacionalidad de origen: Argentina (Derechos plenos e identidad reconocida).

Nacionalidad europea: Italiana (Por sangre, pero sin leyes trans avanzadas).

Para poder modificar sus datos en su pasaporte europeo, Italia le exige pasar por una cirugía de reasignación sexual obligatoria, vulnerando por completo su autonomía. «Llevo transicionada desde los 15 años y, si voy a un hospital en pleno corazón de Europa, me siguen tratando como un hombre», denuncia con impotencia.

Para dimensionar el peso de esta violencia institucional, nos comparte un recuerdo doloroso: cuando tuvo que tramitar su ciudadanía en el consulado italiano, se vio obligada a fajarse los pechos y vestirse de hombre para que no le negaran un derecho que le correspondía por sangre. Tras haberlo perdido todo en su adolescencia por ser libre, el sistema europeo la obligó a retroceder.

Exclusión laboral, salud mental y el peso del odio

La charla avanza hacia las problemáticas cotidianas del colectivo en territorio alemán, un entorno que Agustina describe como un sistema de exclusión casi absoluto. Al hablar sobre el panorama laboral, nos revela una cifra alarmante: aproximadamente el 95% de las personas trans en Alemania están relegadas al ámbito del trabajo sexual o virtual, y solo un 5% logra insertarse en espacios comunes. Si a este panorama se le suma la condición de ser extranjera, la dificultad para conseguir un empleo digno o una vivienda se multiplica hasta volverse una misión casi imposible.

A este desamparo económico se añade la falta de preparación clínica. Volvemos a preguntarle sobre el sistema de salud, y ella pone el foco en las secuelas físicas y psicológicas. Nos explica que muchas mujeres trans de su generación moldearon sus cuerpos en los noventa utilizando silicona industrial por falta de opciones, una realidad para la que la medicina alemana actual no tiene respuestas. Además, critica que la salud mental siga patologizada, obligándolas a pasar por meses de terapia donde deben «exagerar» su feminidad para encajar en el estereotipo del psicólogo de turno y lograr que validen quiénes son.

Toda esta carga pasa factura. Al interrogarla sobre cómo afecta todo esto a su propia salud mental, Agustina se sincera:

«Me genera inseguridad, me genera miedo, no estoy tranquila. Con el canal Urbana Trans recopilo mucha información de mi comunidad; hay mucha muerte y mucha violencia en mi cabeza. No es fácil cargar con esto porque no hablo de otros, hablo de mis propias compañeras.»

El peligroso avance de la extrema derecha

Hacia el final de nuestro encuentro, la conversación se vuelve inevitablemente política. Con el evidente crecimiento de los discursos de extrema derecha en el continente, le preguntamos si siente un aumento de la hostilidad en el día a día.

Agustina asiente con preocupación y advierte que el miedo es una constante. Explica que las plataformas políticas radicales utilizan a las personas trans migrantes como chivos expiatorios para manipular a la sociedad. «Si el político que está arriba genera violencia, el ciudadano de a pie se siente reflejado y validado para replicarla en la calle y en las redes sociales», afirma.

Además, nos relata que esta hostilidad a menudo se mezcla con el racismo cotidiano. Recuerda con indignación cómo en más de una ocasión, mientras hablaba en español por teléfono por la calle, algún desconocido se le ha acercado de forma dominante a exigirle que hable alemán por estar en Alemania. «A esto se suma la hipersexualización de la mujer trans latina; se nos ve como objetos de consumo y luego se nos desecha. Por eso tantas compañeras envejecen solas y en la pobreza, sin una jubilación ni una reparación histórica por el daño que los Estados nos causaron», añade.

La fuerza de la unión local

Antes de despedirnos, queremos pedirle un mensaje de cierre, un consejo para aquellas personas trans que hoy en día, en cualquier rincón de América Latina, están armando sus maletas con la ilusión de que Europa será el paraíso donde por fin podrán ser libres.

Agustina nos mira con fijeza, respira hondo y nos regala una última reflexión que resume perfectamente su filosofía de vida y su incansable militancia:

«Les diría que no busquen afuera lo que primero deben conseguir en sus propios países. Que se unan y que luchen por obtener derechos en su propia tierra. Que se organicen, porque la unión colectiva es la única que realmente hace la fuerza».

Fuentes relacionadas:

Migración y VIH: desafíos para vencer las barreras

Alemania. Un año de Ley trans: ¡un amargo balance!

¿Cuál es la realidad laboral de las personas trans? 

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