La invisibilidad trans migrante en España es la otra cara de este 31 de marzo, una realidad que queda sepultada bajo los focos de las celebraciones oficiales y los discursos de progreso institucional. Mientras el Estado español se vende al mundo como un referente de libertades y un oasis de derechos para el colectivo LGTBIQ+, miles de personas trans residentes en nuestro territorio se enfrentan a un muro burocrático que les niega su existencia legal. Nos encontramos ante una contradicción dolorosa y sistémica: España vuelve a ponerse la medalla de país de oportunidades en el Día de la Visibilidad y la Invisibilidad Trans, pero mantiene una estructura administrativa que condiciona el derecho a la identidad a la posesión de un DNI español.
Esta exclusión no es un error de gestión, sino una decisión política que nace de un sistema racista y patriarcal que sigue tratando a las personas migrantes como ciudadanos de segunda. Mientras quienes ostentan la nacionalidad celebran la conquista de la autodeterminación, las personas trans migrantes siguen encadenadas a documentos que no las representan, obligadas a elegir entre la humillación de una identidad impuesta o el peligro de intentar modificar sus datos en países de origen donde su propia existencia es perseguida o criminalizada. Si la visibilidad no es para todes, si deja fuera a los cuerpos racializados y a quienes cruzan fronteras huyendo del odio, esa visibilidad es solo propaganda y una herramienta de la hegemonía blanca para blanquear su propia falta de coherencia.
El homonacionalismo y la perpetuación de la invisibilidad trans migrante
El concepto de homonacionalismo explica perfectamente esta situación. Es el abrazo del Estado a ciertos sectores del colectivo para justificar su supuesta superioridad moral, mientras mantiene políticas migratorias crueles. El Día de la Visibilidad se convierte en una herramienta para ocultar la invisibilidad trans migrante. Se crea una ley avanzada, pero se bloquea el reglamento que debería permitir a las personas extranjeras cambiar su nombre en su documentación española. Es un racismo de guante blanco que dice «te acogemos», pero te condena a la invisibilidad burocrática diaria.
Hijos del patriarcado: Racismo, clasismo y hegemonía
No podemos entender esta exclusión sin mirar a la cara a los «padres» de este sistema. El homonacionalismo es hermano del racismo y primo del clasismo. Son todos hijos del patriarcado y de una hegemonía blanca que decide quién es un «sujeto de derechos» y quién es simplemente un «invitado». Para el Estado, una persona trans blanca y española es un ciudadano; una persona trans migrante es un expediente. Esta jerarquía de identidades es lo que perpetúa la invisibilidad trans migrante para quienes más protección necesitan.
Más allá del 31 de marzo: Una ley que nos deje a todes dentro
La verdadera visibilidad no es una bandera en un ayuntamiento; es que una mujer trans de Senegal o un hombre trans de Honduras pueda abrir una cuenta bancaria con el nombre que le pertenece. La invisibilidad trans migrante debe dejar de ser un oxímoron burocrático. Exigimos que el Gobierno active de una vez los mecanismos para que cualquier persona residente en España, sea cual sea su origen, pueda ejercer su derecho a la identidad. Hasta entonces, vuestro orgullo seguirá siendo nuestro muro.
Fuentes consultadas: